Alevín A Federado vs. EEPP San Fernando Escolapios

Partido a las nueve de la mañana. Citación a las ocho y madrugón entre siete y siete y media. Aquí no se borra nadie. Igualito que cuando nosotros éramos niños. Mi padre me daba para el autobús y ya me buscaba la vida con algún amigo del barrio para llegar al campo. No sabía ni de qué color vestíamos, ni en la categoría que jugábamos y ni tan siquiera en qué posición me movía.

De que era lo habitual daba muestras que solo había un chico en el equipo al que acompañaba su padre a todos los partidos. Nosotros le envidiábamos a él y él a nosotros, pues su padre no paraba de gritarle ni de corregirle, y aún le quedaba tiempo para darle recuerdos a los progenitores del árbitro e incluso a sus difuntos. En una generación todo ha cambiado.

Allí nos congregamos padres, madres, abuelos y hermanos. No se quejarán del arropo de su afición, que somos tan buenos padres que si nos dejaran pasábamos a los vestuarios a enjabonarles o a doblarles la ropa para que no se arrugue.

Que a este ritmo me veo acompañándole en la primera cita y dándole consejos en su primer beso: “¡Concentrado. Escórate un poco a la derecha. Ponla dentro. Vamos, hasta el fondo. Presión. No seas chupón…!” ¿Y con los deberes qué? ¿Alguien recuerda a sus padres dejando lo que estuvieran haciendo para ayudarte con las mates? “Papá, si un tren sale de Vigo a las 14.45 y…?” “¿Pero qué dices, chaval? No me calientes la cabeza.” Ahora es otra cosa, yo me he apuntado a cursos de chino por si algún día mi hijo tira por ahí con las extraescolares. Tengo que estar a la altura. Bueno, puede que exagere un poco, yo a mi hijo ya lo dejo vestirse solo, que no hay que estar siempre encima.

En fin, volvamos a las nueve de la mañana a la cancha de los Escolapios, un equipo que solo había perdido un partido y contra el líder. Derby fronterizo Rozas-Pozuelo entre dos históricas instituciones: nuestro club, que acaba de cumplir veinticinco años y la Orden de los Clérigos Regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, fundada en 1617.

Con la niebla a pocos metros de altura y los nuestros vestidos completamente de rojo cerré los ojos esperando oír el This is Anfield. No sonó, pero por lo demás nuestros anfitriones dieron muestra de exquisita educación. Ni un grito fuera de tono ni un mal gesto. Así da gusto. Un padre de los nuestros, que fue pío en ese mismo colegio, también cerró los ojos para verse allí mismo con los pantalones cortos y moqueando. Que haciendo uno cuentas piensa “vaya memoria, tú”.

¡Qué primer tiempo! Similar al segundo del anterior partido pero sin tantas ocasiones. Es verdad que no tuvimos ocasiones claras, pero llegar a un feudo como éste y mandar como lo hicimos dice mucho del equipo. Pasamos prácticamente toda la primera parte en su campo, sin dejarles salir ni tocar la pelota, con la línea defensiva adelantada y asumiendo riesgos. Les sorprendimos con nuestro juego y nuestra hambre de victoria.

Nos fuimos al descanso con un 0-2 más que merecido y que nadie, ni los adversarios, discutieron. Me gustó mucho la personalidad de nuestros chicos, su atrevimiento, sus ganas de comerse al rival por juego y empuje. Sin embargo, en los últimos cinco minutos, gracias a alguna falta alejada nos metieron un poco en el área y nos enseñaron al fin los dientes.

La segunda parte se hizo eterna, pues tras los dientes venían las garras. Con alguna falta más y algún córner nuestros jugadores comenzaron a achicar agua y nosotros a pedir la hora. Se pusieron a tocar y a llegar y nos demostraron que era un buen equipo, lo que da más valor a la victoria.

En una jugada rápida nos pillaron la espalda y acortaron el marcador. Faltaba más de la mitad del segundo tiempo y se nos iba a hacer más largo que la saga de Star Wars. El míster movió el banquillo de manera inteligente. No se trataba solo de cambiar jugador por jugador, sino más bien de posiciones, de recolocar las fichas.

No volvimos a tener el dominio de la primera parte, pero controlamos mejor el partido, casi a la italiana, dejando correr el tiempo sin que pasara nada. Solo nos faltó crear peligro en alguna contra y cerrar el partido, pero estaba escrito que había que sufrir hasta el final porque así se disfrutan más las victorias.

Enhorabuena a los chicos, que van claramente hacia arriba, enhorabuena a los estrategas del banquillo y sobre todo enhorabuena a la afición, que si un día nos piden ir a las cinco de la mañana a las puertas del infierno allí estaremos. ¡Menudos padres somos!

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