Alevín A Federado vs. El Real Manzanares A

Estrenábamos la estrella de campeones y al igual que a la España de Del Bosque después de ganar el campeonato mundial nos costó digerir las mieles del triunfo y volver a la rutina del día a día del campeonato doméstico.

Ganar un torneo con rivales de importancia y acto seguido empatar contra un equipo en posiciones de descenso demuestra que el fútbol está muy alejado de las ciencias exactas y más próximo a los estados de ánimo. Si se pudiera explicar con fórmulas matemáticas siempre jugaríamos a un gran nivel, a ese nivel que hemos demostrado en algunos partidos, pues si se ha demostrado una vez podría demostrarse siempre que jugaran. Pero no es tan fácil.

Llegas a un campo extraño, a una hora poco acostumbrada, con unas dimensiones mayores de las que sueles jugar, y para cuando quieres acostumbrarte a todos esos imponderables te encuentras con un gol en contra sin haberle pillado el ritmo al encuentro. Y sucede que al equipo teóricamente superior le entran las prisas y no termina de conseguir la fluidez y la lucidez necesarias mientras que el inferior comienza a creérselo y a potenciar la motivación con el transcurso de los minutos.

Esta situación se ha visto en fútbol miles de veces. El equipo rival contaba solamente con dos o tres jugadores con un par de tallas por encima de la media y con cierto orden defensivo que dejaba pocos huecos por donde filtrarse. Con todo, en condiciones normales se les podría haber superado con claridad, pero como he dicho estas escasas virtudes pueden resultar suficientes cuando no tienes el día. En una temporada larga hay partidos de todos los colores y este sábado disputamos el partido gris.

A pesar de no tener el día, los rivales celebraron el empate como una victoria y nuestro equipo, por el contrario, sintió haber perdido dos puntos. Insisto en que estas cosas pasan y no se trata de buscar culpables. Los jugadores lo intentaron pero ni se encontraron cómodos ni fueron capaces de generar juego. A los técnicos tampoco hay que reprocharles nada porque intentaron desde la alineación inicial y los cambios posicionales dotar al equipo de la consistencia necesaria para llevarnos los tres puntos.

No es fácil para ellos, pues además de lidiar con veinte jugadores también han de hacerlo con veinte padres/madres que siempre creemos que nuestros hijos merecen jugar lo máximo posible y lo difícil que resulta para todos dejar fuera a algunos de ellos.

Para terminar con un punto anecdótico querría mencionar lo exótico del campo donde jugamos: por un lado podías ver un bonito embalse y por otro un majestuoso castillo. Podías pensar que estabas jugando en la liga brasileña, viendo la playa de Copacabana y a lo lejos el Corcovado si no fuera porque en el segundo tiempo comenzó una ligera nevada que terminó de helarnos el ánimo.

Categorías Noticias