Alevín A Federado vs. Rayo Majadahonda B

Definitivamente somos un equipo extraño. Perdimos los dos primeros partidos de liga y después no volvimos a perder en toda una vuelta. Llegamos a ganar en su estadio al líder casi invicto y desde entonces, cuatro partidos ya, no hemos vuelto a ganar. Donde antes siempre se encontraba una solución ahora sumamos un problema tras otro y parecemos más bien un equipo en el diván.

La verdad es que no es fácil pasar de competir por los primeros puestos a competir por la nada. Pero lo más sorprendente es contemplar cómo unos jugadores que hemos visto jugar bien parezcan haber olvidado los mecanismos futbolísticos más primitivos, esos que se aprenden en categorías de prebenjamines.

Está en el ambiente, en el entorno, en los propios jugadores, esa sensación de derrumbe, pues a pesar de haberse quitado la presión de competir no logran divertirse en el terreno de juego, o quizás sea por eso mismo. A ellos se les ve algo agarrotados y a los padres algo frustrados. Como lo más fácil es echar la culpa a una o unas personas y alejarla del grupo de jugadores, yo voy a dar mi opinión sobre esta frustración.

Los años van pasando (como dice uno de nuestros cánticos favoritos) y cada vez nos vamos dando más cuenta de la utopía de ver a nuestros chicos optar de mayores a ser profesionales.

Si en una liga como la que estamos, con equipos normalitos, no somos capaces de mostrar casi nada, da miedo ponerse a extrapolar campeonatos, provincias y comunidades para poder adivinar los cientos de jugadores que les llevan una considerable ventaja. Y creo que aun sabiendo de estas probabilidades, partidos como los que han jugado las últimas jornadas nos vuelven a confirmar algo que no queremos aceptar del todo. Sí, claro que no hay nada imposible, pero…

Estos partidos son como bofetadas para que espabilemos y nos demos cuenta de lo que hay, y por eso puede ser que salgamos algo tocados o frustrados. Pienso que en muchas generaciones los padres han soñado con que sus hijos sean futbolistas, pero en la actual se tiende al deseo exagerado, debido tal vez a que la fortuna de que ellos se puedan dedicar de mayores a algo que les fascina también se une la fortuna económica que acompaña a un oficio excesivamente sobrevalorado.

Opino que cuanto antes aceptemos todo esto, más relajados asistiremos a los encuentros, como el padre que acompaña a su hija a un campeonato de gimnasia o a un hijo o hija que le gusta la esgrima. Llegado el momento en que cada uno elija su vocación y su destino (fuera del fútbol) podremos recapacitar también en que probablemente habremos impedido que se conviertan en personas narcisistas, ególatras, egoístas, superfluas, soberbias, tramposas, vanidosas… cuya máxima ambición sea acumular deportivos en un súper casoplón.

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