Alevín B vs. Academia Fútbol Alcobedas B

Mañana soleada de sábado, aunque en el césped hubo más sombras que luces. No empezamos mal, pero sí algo imprecisos y faltos de confianza en nuestro juego. Hicimos un par de triangulaciones; en la segunda marcamos un golazo desde fuera del área tras cuatro o cinco pases seguidos (un molitrallazo).

Fue un espejismo, el inicio de algo que no tendría continuidad. Como si nos hubieran estudiado comenzaron a bombear balones al pico de nuestra área para que nosotros solos nos suicidáramos. En uno de estos envíos urgentes sin destinatario acabamos disparándonos en el pie. Fue un mazazo para la moral.

A partir del empate, nos metimos de lleno en el túnel de la Semana Santa: ellos cogieron el paso y nosotros una torrija descomunal y generalizada, una flagelación continua y un vía crucis hasta el final del partido. No nos ganaron porque pusieron la otra mejilla y nos perdonaron, pues mostramos más fragilidad que un cristiano frente a un león en el Coliseo Romano. Bueno, y también porque el árbitro, que pitó subido a una cuadriga desde el centro del campo, pitó algún fuera de juego que no era.

Hay que hacer mención especial al trencilla, un tipo con pinta de Sansón que no se movía por temor a despeinarse. En el descanso tardó en volver al estadio, lo que provocó algunas apuestas en la grada. Unos decían que andaba whasapeándose con Dalila, otros que no encontraba el tarro de gomina, y los más, que andaba cumpliendo con la media diaria de abdominales.

Veintiún partidos y novenos en la clasificación. Y lo que es peor, sin visos de superar puestos en lo que queda de liga. ¿Nos merecemos este puesto? Viendo algunos partidos del pasado claro que no, pero si nos atenemos a los últimos, más que justificado. Tal vez nuestra subjetividad paterna y ronceriana nos haga pensar en mayores retos, pero visto lo visto, es lo que hay.

Vuelvo a repetir que hay mimbres, y algunos destellos nos lo muestran, pero nos hemos acostumbrado a depender exclusivamente de la explosión individual del Mesías Juan Carlos. Tenemos a once o doce apóstoles a la espera de la llegada del Mesías, y cuando lo detienen les da por negarlo y negarse a ellos mismos. En fin, no hubo sábado de Gloria, ni domingo de Ramos (a pesar de su gol). Esperemos que sí haya Domingo de Resurrección y que en lugar de torrijas nos dé por comer miel sobre hojuelas.

En cualquier caso, que nadie se deje arrastrar por el complejo de Herodes, pues no olvidemos que son niños de diez años a los que debemos de liberar de cualquier presión ajena a lo que es un simple partido de fútbol. Son listos y saben sus fallos y limitaciones. Hay que tener paciencia con ellos porque tarde o temprano aprenderán a ser futbolistas.

Dicho esto, continuemos con nuestras vidas, nuestros problemas cotidianos y nuestras próximas vacaciones “santas”. Como decía un amigo, todo “optimismo” él: “¡Vaya cruz tengo y eso que aún no ha llegado la Semana Santa!”

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