Alevín B vs. AD Colmenar Viejo C

Después del partido del sábado, y conforme iba teniendo más noticias de mis colaboradores a pie de campo, me veo en la obligación de venir hoy aquí a desmontar algún que otro tópico del mundillo del fútbol. “Lo que pasa en el campo se queda en el campo” (Aclaración, lo de Las Vegas vino después). ¿Pero qué es eso, por qué? Ni que se tratara de partidos de fútbol en el patio de la cárcel, en los que un defensa se acerca al portero y le dice dónde ha escondido el punzón. Ahí sí que lo entiendo, que no hay motivo para difusiones.

Esa frase se la inventaron los uruguayos y argentinos en los años setenta para poder cometer unas cuantas tropelías, como esos defensas que llevaban cuchillas en el pliegue de las medias y en los córneres las afilaban en los muslos de los delanteros. Que siempre se ha hablado de potreros o cancheros para definir a estos tipos, pero que nadie se ha atrevido a ponerles el adjetivo correspondiente: macarrillas de barrio. También es cierto que antes no había cámaras, luego hubo una y ahora tropocientas, con lo que hemos pasado de no enterarnos de nada a ver a los jugadores poniéndose las manos alrededor de la boca como si fueran mafiosillos y supieran que tienen el teléfono pinchado. Me imagino a Iniesta tapándose la boca para decir: “pásamela al pie, al hueco no”. Que, claro, son unas duras palabras que tienen que quedarse en el campo. Pues bien, en el partido de esta jornada nos cruzamos con un equipo de cancheros, potreros o el adjetivo que quieran ponerle, bajo el mandato y ejemplo de su entrenador, un tipo al que el árbitro expulsó casi en defensa propia.

Fuentes del vestuario me dicen que sus jugadores no pararon de provocar a los nuestros, con insultos que incluso alguno de los nuestros desconocía. Podemos decir que se juntaron las lenguas portuarias de ellos con los oídos vaticanos de los nuestros. Deben estar acostumbrados (y alentados) a este tipo de provocaciones, y puede que se refiera a eso que llaman “otro fútbol”, pero a estas edades no me interesa verlo. Si me dijeran que teníamos garantizado ganar utilizando ese otro fútbol intentaría convencer a mi hijo para que practicara mejor la esgrima. Son tres puntos, pero también es la base de lo que serán como personas. ¿Que nos ganaron por eso y vengo aquí al pataleo? Pues no. Nos ganaron porque ellos saben hacer una cosa y la hicieron. Los defensas y los medios, ahí, plantados en su sitio y sin moverse. Balón que venía, patadón. Balón dividido, patadón.

Hacen del patadón un arte, porque no va a cualquier sitio, lo normal es que acabara cerca del área y generara en los nuestros la confusión. Hay que decir que Miguel estuvo muy atento y nos salvó de unas cuantas cortando justo antes de dar el bote y dejar a sus delanteros en solitario. Con este juego hay que ser muy preciso para tener algo de dominio, porque a poco que no entregues bien el pase patadón y otra vez a empezar desde la defensa. Y no fuimos precisos. Es más, ellos jugaron a lo suyo (los tres goles regalos anticipados de Navidad) y nosotros no pudimos jugar a lo nuestro, que es crear juego y proponer verticalidad.

Nos enemistamos con el balón para imitar al equipo “canchero”, pero nuestros patadones acababan saliendo de manera inevitable por la banda de los entrenadores, como si detrás, en el barranco, se hallara el Triángulo de las Bermudas. Creo que se contabilizaron trescientos saques de banda por esa zona. Partidos como estos se han visto miles, y en cualquier categoría. Un equipo rocoso no se complica, y el otro, más técnico, no consigue serenar el ritmo del partido. Otra lección más. Al igual que la lección de “deportividad” que nos dieron cuando al final del partido se negaron en primera instancia a saludar a los nuestros. Hicieron bien nuestros chicos en acabar con esa omertá siciliana de que lo que pasa en el campo se queda en el campo. Cantaron La Traviata. Uno por uno. Y reprodujeron las canciones completas de esos gorrioncillos desafinados, con letras que nos recordaban a Los Chunguitos o a Los Chichos.

En fin, un tópico desmontado. Ya que estamos, me gustaría desmontar ese otro de “Hay que seguir trabajando”. Toma, claro, ¿o es que te piensas tomar un año sabático después de cada partido? Que bueno, que en realidad entrenan dos horas al día. Es probable que se refieran a las chapuzas que tienen que hacer al llegar a casa. Por cierto, ¿alguien sabe si existe Colmenar Nuevo?

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