Alevín B vs. CD Moraleja

Día de autos. Día de perros. Día de derbis. Sí, un derbi por la mañana y otro por la tarde. El de la tarde ya tiene su historia, una historia larga de madridismo y una reciente de cholismo, en la que ambos se discuten quién manda en la capital, con permiso de Manuela Carmena (o de Esperanza Aguirre).

El de la mañana es nuevo, inmaculado, y apenas comienza su historia. Desde Alcobendas, Tres Cantos, Colmenar Viejo y El Vellón lo han bautizado como el derbi pijo de la categoría. Las Rozas y La Moraleja frente a frente. O sea, no sé, como que es muy fuerte. Siempre ha habido clases. Y para clase la de algunos jugadores de La Moraleja, el líder indiscutible de la liga. Excelentes individualidades en todas sus líneas, pero al servicio del trabajo coral.

Equipo ordenado, técnico, que saca el balón jugado desde la defensa hasta su medio de creación, que por envergadura y calidad hace un par de regates, y salvada la línea de presión, lanza a su punta, el pichichi, que se va en carrera y no suele perdonar. No es que sean la naranja mecánica ni hayan inventado la pólvora, pero es un equipo bien trabajado que sabe explotar sus recursos. Le vinieron a dar la razón al humilde CR7, pues el estar todos enchufados es lo que les ha llevado al liderato. Esa es “la moraleja” que el portugués quiso transmitir: o estáis a mi nivel o no hay forma.

He de decir que los nuestros también poseen clase, aunque todavía se les nota demasiado la bisoñez del primer año. A ratos tiran de buen fútbol, a ratos de casta, pero les falta regularidad hasta el punto que cada partido es una ruleta rusa: no sabes por dónde saldrá el disparo, si hacia el corazón ajeno o al pie propio.

Es un año de aprendizaje y, como venimos diciendo, el salto al fútbol once ha sido menos traumático de lo que cabría pensar, a pesar de la irregularidad manifiesta. Hay mimbres, potencial e ilusión. Partidos como el del sábado son de los que dejan enseñanza, mucha más que la de esos partidos que hemos perdido por la mínima respondiendo a los voleones con voleones.

Perdimos por cinco a cero, pero enseñaron a nuestros chicos el camino a seguir, el del fútbol verdadero: orden, equilibrio, balón al suelo, a hacerlo fácil, a buscar al compañero, a asociarse, a explotar sus armas y recursos… Sigo creyendo que la diferencia no es la que refleja ni el marcador ni la tabla clasificatoria. Si en algo se pareció nuestro equipo al del Real Madrid fue en la falta de fe. Vamos, que hubo un importante componente mental.

El Madrid anda a otras cosas y sin ninguna esperanza en la liga, una actitud suicida para un derbi. Y los nuestros saltaron al campo con aire derrotista. Parecía evidente que el partido se acabaría cuando recibiéramos el primer gol. Como así fue. Es cierto que no nos dieron opción en todo el partido, pero tampoco la supimos buscar.

En el derbi pequeño, el de la tarde, también se intuía que era cuestión de tiempo que la Grecia atlética de Simeone tuviera media ocasión para enchufarla y cerrar el partido. Como así fue.

En fin, una jornada futbolera interesante que nos deja un poso de reflexión positiva, un deseo de unión para encarar todo lo que queda por delante y una buena dosis de optimismo para el futuro. Me refiero a nuestros alevines, claro.

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