Alevín B vs. CD Moraleja

Los chicos comentaban entre ellos que se iban a enfrentar al líder, en su campo, que llevaban 25 goles a favor en tres partidos, que contaban en sus filas con el pichichi de la categoría y no sé cuántas proezas más del equipo rival. Tanto habíamos inflado a este equipo que hasta los padres vimos calentar a un conjunto casi juvenil y creímos en serio que se trataba de nuestro adversario. Mihuras contra muletillas de pueblo, pensamos todos. Cosas de la sugestión. Y en el deporte salir sugestionado negativamente es salir con la vitola de perdedor. Así sucedió. El “miedo escénico” que pregonó en su día Jorge Valdano lo sufrimos nosotros.

El primer gol nos lo marcaron en la primera o segunda jugada, pero ya nos lo habían marcado mientras el GPS nos dirigía por la A-1 hasta la Avenida Barajas. Pagado el peaje sugestivo, nuestros chicos comenzaron a mostrar el orgullo y la casta que siempre han tenido. Pensaron que se podía, y nos hicieron pensar que sí se podía. Durante diez o quince minutos jugamos en su campo, con más corazón que orden, sí, pero con ese arrojo del animal herido que no quiere claudicar. Marcamos bien el fuera de juego (después se falló en un par de ocasiones), robamos balones en el centro del campo, frenamos cualquier triangulación suya, pero nos faltaba claridad para levantar la cabeza, tocar el balón con criterio y buscar los espacios y la espalda de su defensa. Aun así, pudimos empatar en un uno contra uno que detuvo el portero. Y lo que hemos visto tantas veces en la historia del fútbol volvió a repetirse: del empate pasamos en la siguiente jugada al 2-0. Un mazazo. La Moraleja cogió confianza en la misma proporción con que nosotros la perdimos.

Faltaba poco para el descanso, pero aún estábamos vivos. Sin embargo, dos jugadas desafortunadas en los últimos dos minutos cerraron el partido con un 4-0 injusto e inmerecido. Aunque nadie lo dijo en voz alta, los supporters de Electrocor pensamos en una goleada humillante. Pero de nuevo nos volvieron a sorprender. Garra, coraje, equilibrio y en ocasiones, por qué no decirlo, buen juego combinativo. Es cierto que ellos pudieron colar un par de goles cantados a la contra, pero el dominio fue nuestro. El míster agotó los cambios y se confirmó que tenemos un buen “fondo de armario”, pues aportaron el aire fresco que necesitaba el equipo. Sabíamos que el partido estaba perdido desde el 3-0, pero en el segundo tiempo los enanos nos hicieron vibrar, a pesar de algunas imprecisiones propias de la categoría.

Nos enfrentamos al líder, en su habitual campo de entrenamiento, a uno de los favoritos para ganar el grupo, con todos sus jugadores en el segundo año, bien trabajado y con buenas hechuras en todas sus líneas, y aun así nos fuimos con la sensación de que se les podía ganar en el partido de vuelta. Colamos uno (0-1 en la segunda parte, todo hay que decirlo) y a punto estuvimos de colar uno o dos más. Enhorabuena a los entrenadores, que leyeron bien el partido y supieron mantenerlos con la tensión competitiva. Y a unos jugadores que sin hacer un excelente partido, con fallos puntuales debidos a la precipitación y con la falta de pegada (ahí sí que nos ganaron claramente) volvieron a evidenciar la pasta luchadora de la que están forjados, y que con su talento y con la sabiduría desde el banquillo podrán ir superando las barreras físicas y la bisoñez (bueno, pardillez) en el fútbol 11. Y también a esa afición, incansable, fiel, que cuando más anima es en la adversidad. Llevamos ya muchos años siguiéndoles, y las hemos visto de todos los colores, pero más allá de los resultados lo importante es verles evolucionar en cuanto a la esencia de este deporte, crecer como equipo, y que disfruten, que disfruten, que disfruten…

Y por último, me gustaría subrayar la labor del árbitro. Casi siempre, suelen ser los más denostados de este juego, y con suerte, con mucha suerte, olvidados. Justo es reconocer que el que escribe hacía tiempo que no veía una actuación arbitral tan impecable, tan equitativa e incluso tan didáctica con los chavales.

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