Alevín B vs. CD Tablas B

Son unos cuantos los partidos que han pasado a la categoría de leyenda. Los más viejos del lugar hablan del Alemania-Hungría de 1954. Batallitas del abuelo Cebolleta. Te lo puedes creer o no. Luego tenemos la final del Mundial de 1970 en el que un Brasil mítico le endosó 4-1 a Italia. Bah, un partido sobrevalorado. Italia ya tuvo bastante con llegar a la final. Yo recuerdo aquella final de Champions en la que el mejor Milan le metió 4-0 al Barça de Cruyff. Mucha leyenda, mucha leyenda, pero un poco más y me quedo dormido en el descanso.

A cualquier cosa le llaman leyenda. Se nota que no estaban en Navalcarbón el día 14 de noviembre a las 14.30 viendo el Electrocor B vs. Las Tablas B. Eso sí que fue un partidazo. Y una remontada de leyenda. No como las remontadas light del Madrid. ¿Quiénes eran el Derby Country, el Anderlecht, el Borussia…? Tenían el Bernabéu, cuando había localidades de pie, 80.000 gargantas desaforadas, a Juanito, Camacho, Santillana y compañía. Bla, bla, bla. ¿Remontaron alguna vez un 1-4 al descanso? ¿Eh, a que no? A cualquier cosa se le llama remontada. Nosotros sí lo hicimos. 4-1 en el segundo tiempo y su gol gracias a un penalti de chiste.

En la primera parte no jugamos del todo mal, pero nos barrieron. Salimos con la típica empanada de bonito, y con equipos como nuestro rival se paga muy caro. Sabían muy bien a qué jugaban. Parecía como si nos hubieran estudiado, pues concentraron la mayor parte de los efectivos en la medular. Cortaron de este modo nuestras líneas de pase y la posibilidad de jugar por banda, por donde más daño hacemos. Sin embargo, cuando ellos recuperaban tocaban rápido y en dos pases se plantaban por banda o por el centro jugándose un uno contra uno (que siempre ganaban) antes de encarar en solitario y en carrera a nuestro portero. Colamos un gol en una jugada aislada, pero nos superaron en casi todo, sobre todo en los metros finales.

El míster reaccionó cambiando posiciones, no jugadores. Y de pronto, antes del descanso, ya con el 1-4 en contra, dio la sensación de que comenzaba otro nuevo partido. Fuentes de esta corresponsalía me informan que en el descanso entrenadores y jugadores se conjuraron creyendo sinceramente en la remontada. Fe, esperanza y calidad. Un par de ajustes más desde el punto de vista táctico, inteligentes y valientes, más los cambios que introdujeron frescura, dieron en la tecla. El gol que marcamos nada más iniciarse el segundo tiempo les dio la razón. Y les dio alas. Y al rival le entró algo de canguelo. Y claro, los aficionados nos vinimos arriba. Ah, esa afición maravillosa, que ha pasado de ser la marea roja al tsunami rojo. No me cabe duda que los chicos notaban cómo se movían las olas desde fuera, que les llegaba la pasión, la pura adrenalina de los mayores alentándoles hasta el final.

El fútbol tiene esa parte ilógica que lo hace diferente a otros espectáculos. Nuestros jugadores, contagiados por el tsunami, pelearon cada pelota, recuperaron el orgullo y el juego, tocaron, abrieron a bandas y asaltaron el área contraria, casi siempre con peligro. Los hasta el sábado segundos clasificados no pararon entonces de achicar agua, con la sensación de que el barco iba a acabar yéndose a pique. Y su entrenador, que pasó de dar palmadas de aprobación a sus jugadores a mirarse el reloj de manera compulsiva, como si le acabara de tocar un Rolex verdadero en un una tómbola. Tanto creyeron los chicos y el banquillo que se podía que ni el 3-5 (penalti por una de esas manos involuntarias que ya no se pitan) les hizo doblar las rodillas. Tampoco el tsunami rojo les dejó. Sabíamos que había sido solo un accidente.

Al final empatamos a cinco y pudimos ganar, aunque también pudimos perder. Fue un partido intenso, vibrante, divertido, con muchos goles, con distintas alternativas y dominios del juego por parte de los dos equipos; un partido, en suma, digno de ver y de recordar. El resultado final casi fue lo de menos. Lo de más fue la lección de fe y de personalidad de los chicos, y la demostración de que cuando se meten en el partido resulta muy complicado vencerles. Se va a correr la leyenda del equipo de los vampiros, pues me recuerdan a esas películas en que primero les atacaban con ajos, luego con crucifijos, y con agua bendita, para acabar clavándoles una estaca en el corazón. Pues aun así, se levantaban y continuaban dando guerra hasta el amanecer. La unión entre el tsunami rojo y los pequeños vampiros nos hace especiales. La leyenda del indomable continuará.

El partido fue un puro espectáculo. Por eso, del árbitro hablaré en otra ocasión.

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