Alevín B vs. CF San Agustín de Guadalix B

Comenzamos como solemos comenzar todos los partidos, con una pájara considerable, como si necesitáramos un par de minutos para ubicarnos en el campo. Y a punto estuvieron ellos de adelantarse en el marcador. Pero esta vez parecía premeditado, ensayado para darnos un susto propio de la festividad de Halloween. Truco o trato. El truco lo puso nuestro mago desde el banquillo, el trato (el buen trato) de balón lo pusieron nuestros jugadores desde el césped. De pronto, empezaron a anticiparse, a tocar, a no rifarla, unas veces por dentro, las más por fuera, abriendo a los extremos, circulando de un lado a otro, buscando siempre los huecos por donde romper sus líneas. Y así se fueron sucediendo los goles, mientras nos hacían disfrutar con un juego intenso y ambicioso. Había comenzado el baile y ya no paró hasta el final.
Los cuatro de atrás pusieron en marcha sus motosierras para descuartizar cualquier ocasión antes de que adquiriera la categoría de susto. A la familia de Leatherface de La matanza de Texas le habían salido competidores (siempre desde el símil deportivo). Y cuando se quedaban sin combustible ahí teníamos en la portería, tanto en la primera como en la segunda mitad, a Eduardo Manostijeras. En el centro del campo se fraguó la principal batalla, como suele suceder. Cuando sus centrocampistas recibían el balón de espaldas comenzaban a oír la banda sonora de Tiburón o de Psicosis. Sabían que los nuestros se les iban a echar encima en un segundo. Y así fue, siguiendo la máxima de la trama Gurtel: robo y reparto. Pero sobre todo, la batalla se ganó por las bandas. Sus laterales sufrieron la auténtica Pesadilla en Las Matas Street. Les va a costar olvidar los dorsales de nuestros extremos de tanto correr tras ellos. Y arriba tenemos a los pequeños, que son como Los Gremlins: sin el balón te dan ganas de abrirles la puerta y llenarles la calabaza de chuches, pero cuando olfatean el peligro se transforman y van directos a la yugular. Con todo ello, pienso que la diferencia en el marcador (8-0) no reflejaba tanta disparidad de potencial, pero es que nuestros diablos rojos jugaron como los ángeles.

-Tu hijo está jugando de miedo- decía un padre.
– Pues anda que el tuyo- respondía el otro con una modestia incómoda.
Chicos, Sé lo que hicisteis el último partido, así que pase lo que pase de ahora en adelante, sabemos que podréis volver a repetirlo. Y seguro que así será, pues no conozco ninguna película que cuente con veinte monstruos como vosotros.

Categorías Noticias