Alevín B vs. ESC. Alcobendas B

Volvíamos a la maravillosa localidad de Alcobendas. Van unas cuantas. Y las que nos quedan. Yo pongo el ton ton por costumbre. O por vicio, porque echo de menos la voz aterciopelada de María. Así la llamo, que ya hemos cogido confianza en los trayectos Las Rozas-Alcobendas. No seré yo el que boicotee a Repsol, que necesitamos el músculo del IBEX 35, pero que nos sale a cuenta montarse una comuna en las riberas de la A-1. Algunos padres han estado ojeando el Segunda Mano para comprobar cómo está el mercado de venta inmobiliaria. Si no fuera por el lío del cambio de colegios… Les digo que no se precipiten, que hemos ido en la pretemporada veraniega, en el veranillo de San Miguel y ahora en el veranillo de San Martín. Que se esperen a conocer los inviernillos antes de meterse en hipotecas.

¿Qué por qué hablo de esto? Porque del partido hay poco que hablar. ¿Y crees que es mejor soltar este rollo? Oye, perdona, suelto el rollo que quiera, que para eso soy el cronista. Vale, vale, ¿pero después de un 3-6 dices que hay poco que hablar? Creo que sí, porque fue más un intercambio de golpes que una oda a la cosa redonda. Salvo en contadas ocasiones, me recordó a aquellos partidos ochenteros de la liga italiana en los que se luchaba, se mordía y casi se mataba por recuperar la pelota y una vez en su poder la devolvían al contrario a propósito para volver a empezar. El campo tenía unas dimensiones mayores a las que estamos acostumbrados, por lo que pensamos que podíamos encontrar más huecos por donde filtrar las diagonales. Pero estuvimos espesos y no hicimos circular el balón con limpieza. Demasiado barullo y demasiada pelota al aire.

Con todo eso, cada vez que dábamos un par de pases seguidos nos plantábamos en el área con peligro. Tenemos más juego que ellos, pero lo demostramos con intermitencias. Nos fuimos al descanso con 1-3 en el marcador. Sin embargo, todos teníamos la sensación de que el partido no estaba cerrado ni mucho menos, y se debía a que no estábamos jugando como sabemos que pueden jugar. Dicho y hecho. En cinco minutos nos empataron, aprovechando la confusión y el desconcierto de la recomposición en las posiciones defensivas. Nos temimos lo peor, porque balón que mandaban en largo se les abría la autopista y parecían competir búfalos contra caracoles. Insisto, no había juego, solo intercambio de golpes. Y era su momento. Un golpe más y hubieran llovido toallas blancas desde todos los rincones.

¿Cómo resucitas cuando te han puesto ya los clavos en la caja? Con fortaleza mental, y este grupo la tiene. Y con el míster reaccionando a tiempo, leyendo por dónde venía la sangría y recolocando las piezas en el tablero. El míster acertó, pero el giro lo debían de concluir los jugadores. Perdón si personalizo (no es costumbre) pero por un lado dos paradas providenciales de Saúl, que impidieron el desplome definitivo, y por otro la clarividencia, personalidad y efectividad de Juan Carlos, hicieron que por tercera vez nos fuéramos en el marcador. Juan Carlos lleva ocho goles en dos partidos. Si lo hubiera hecho Messi o Cristiano ya estarían pidiendo que les revisaran la ficha. Ojito que Jorge Mendes anda unos meses sin mover el mercado.
Nos llevamos tres puntos, ante un rival bien clasificado. Jugamos regular y aun así marcamos 6 goles a domicilio. En una liga te encuentras con escenarios diferentes, y solo los equipos ganadores salen indemnes de batallas como la del último sábado.

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