Alevín B vs. Rayo Ciudad De Alcobendas D

Se acerca el final de liga y nos despedimos de Alcobendas, nuestra patria chica, esa tierra que un día fue Invernalia y que el último sábado recibió la visita de los dragones de Khaleesi. ¡Qué calor hacía, tú! Y que los padres lo pasan peor que los críos. Sí, ellos corren bajo los 30º, pero se divierten. Nosotros nos bebimos unas cerves con 5º de alcohol, pero por hacer gasto. No hay color.

Jugábamos contra el colista, un equipo que nos hizo recordar al desventurado Rayo Vallecano, que bajó a segunda a pesar de dignificar el deporte que les da de comer, intentando dar espectáculo a los hinchas que pagan una entrada para pasar un buen rato viendo jugadas de fútbol y no extrañas peleas con la pelota.

El Rayo Ciudad de Alcobendas es un equipo mucho más digno que otros que se encuentran en lo alto de la clasificación, pues a pesar de no conseguir resultados, su entrenador ha conseguido inculcarles la esencia de lo que significa jugar al fútbol. No cambiaron el guion aunque le fueran cayendo los goles, hasta cuatro. No rifaron un balón, lo intentaban sacar jugando desde la portería, triangulaban y se apoyaban, y además tiraban el fuera de juego de manera muy coordinada.

Les faltan muchas cosas, y no es mi labor enumerarlas, pero les auguro, y deseo, una mejor trayectoria a corto plazo. Se lo merecen. En cuanto a nuestro equipo, un 0-4 podría decirlo todo, pero hay matices. Por un lado, es una buena forma de ir acabando la temporada, con buenas sensaciones para que pillen confianza para la nueva categoría. Por otro, les vendría bien aprender la lección de que cuando juegan como equipo tienen muchas más posibilidades de éxito.

Si bien tenemos un par de buenas individualidades, nuestra fuerza es el conjunto, y a eso hay que agarrarse para la próxima temporada, insistiéndoles en que la mejor forma de crecer como equipo es siendo solidarios entre ellos. A los padres nos gustó el partido porque les vimos disfrutar en el campo, generando juego e innumerables ocasiones, hasta el punto que el resultado se quedó corto.

Como decía, esto está llegando al final y puede que, como sucede con el síndrome de Estocolmo, lleguemos a echar de menos los sábados de partido. De momento, no creo. Todos nos vamos mereciendo un descanso, desde los técnicos a los padres. Quedan dos partidos en los que no nos jugamos gran cosa, así que vamos a disfrutarlos a la espera de algún maletín o algún jamón.

Y lástima que no nos toca ser jueces de la liga, porque sino lo mismo nos caían algunas vacaciones en Santa Pola. Que ya, que somos muy dignos, pero que La Moraleja tiene muchos posibles y que si clubes de primera han caído en la tentación quiénes somos nosotros para cambiar la historia del fútbol español. Se comenta que los chicos están primados con una comida en el Burger King. Como padre, me dejo primar con una comida en El Molar para cerrar la temporada.

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