Alevín B vs. San Sebastián De Los Reyes C

Después de unas cuantas salidas a Alcobendas el tsunami rojo se desplazó a San Sebastián de los Reyes. Que hay que conocer mundo, que no salimos de Las Rozas, que cada vez nos parecemos más al Show de Truman. Y por cierto, qué mejor sitio para ir en estas fechas que a San Sebastián… ¡DE LOS REYES! Yo aproveché y les dejé las cartas para que nos traigan el Cinesín, el Exin Castillos, la espada de D’Artagnan y la Nancy azafata, que siempre me ha gustado estar a la vanguardia en juguetes.

La una del mediodía, jornada más o menos soleada, terreno en perfectas condiciones y vendidas hasta las localidades de a pie. Ah, y una cafetería flotante con unos pinchos de tortilla a la altura de nuestros paladares. Y por si fuera poco ya vimos a Puerto oliendo el pasto. También nos llegaron buenas noticias desde la enfermería. Pronto podré decir lo que siempre soñé desde que de pequeño sentí la vocación de periodista deportivo infantil: “Los lesionados ya tocan balón”. Preparado el escenario salieron los actores principales vestidos totalmente de rojo. Incluso algún jugador se puso ropa interior roja por aquello de que por estas fechas trae buena suerte. Un guiño a Papá Nöel y a la Coca-Cola, que es la que patrocina la Navidad en Occidente.

Desde el inicio nos vimos superiores. De hecho, prácticamente ni salimos de su campo. Ni un susto nos llevamos. Nos quedamos a vivir en el campo del adversario. Ocasiones claras, claras tuvimos más que el Madrid en lo que lleva de temporada. Era cuestión de tiempo. Por juego y por ocasiones. Una vez abierta la lata sería coser y cantar.

Pero no había forma de abrirla, como esas veces que vas a una casa rural y no encuentras abrelatas y acabas dándole golpes con un cuchillo. De un 0-4 claro nos fuimos al descanso con un 0-0. Algunos hinchas recordaron ese tópico de “en el fútbol cuando perdonas acabas…” Pero no podía ser, porque la diferencia entre los dos equipos no daba para tópicos de la España que nunca pasaba de cuartos. En el segundo tiempo más de lo mismo, hasta que al fin conseguimos abrir la maldita lata, que de tanto tiempo cerrada ya olía a caducada.

Ahora sí que ya podíamos respirar tranquilos. Vaya ilusos. En media ocasión que tuvieron se plantaron en el área y una ráfaga de viento empujó a un delantero, que acabó dando más vueltas que Neymar y Alves juntos. El árbitro no lo dudó porque estaba loco por la música. 1-1 y vuelta a empezar. Pasaba el tiempo y hasta los más beatos comenzaron a dudar de la existencia del Creador. Se palpaba la tensión, tanto dentro como fuera del campo.

No se nos podía escapar este partido. El minuto y marcador vibró más que nunca. Los minutos pasaban más rápidos que los segundos. Alguien gritó “Florentino dimisión”, que no llegué a entender muy bien. Hasta que Papá Noél (San Nicolás, y perdón por el guiño familiar) se anticipó a los Reyes y con una jugada de dibujos animados conseguimos ponernos por delante. Ahora sí que los tres puntos nos los traíamos de vuelta.

Hubo un tercer y un cuarto tanto en los últimos dos minutos, poniendo el marcador más cercano a la realidad del partido. Antes de entregar la mencionada carta a los Reyes de San Sebastián, cambié mi petición. Taché el balón oficial de la Copa del Rey por un marcapasos. Otros padres que me vieron lo que escribía pidieron lo mismo, y así aprovechamos el descuento por volumen. Me da que lo vamos a necesitar para el resto de la temporada. Pero en fin, nos quedamos con la victoria y con la sensación de que hay potencial en este equipo, a la espera de que las ocasiones se materialicen cuanto antes para no gastar muchas pilas del marcapasos.

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