Alevín B vs. UD Vellón Venturada

Desde que se supo el calendario teníamos esta fecha marcada en rojo, con el mismo recelo que cuando a un equipo español le toca en el sorteo europeo rivales como el Atlético Siberia, el Dinamo de Groenlandia o la Agrupación Deportiva Laponia. Y llegó el día. Algunos actualizaron el GPS, otros contrataron un sherpa y, en mi caso, pues tenía la intención de estrenar las cadenas antinieve que me pedí por Reyes precisamente para la ocasión.

Lo peor de no tener personalidad es que te dejas influenciar por cualquiera. Y aún peor, que a uno, como le pagan por ser cronista, pues que se pone a opinar de to sin saber de na. En lo que nos ocupa, pues ni idea de meteorología. Que nos llevan años hablando del cambio climático y como el que oye llover. Welcome to Vellon, ponía en la entrada. No eran ni las diez de la mañana cuando nos dimos cuenta que en lugar de a Invernalia habíamos llegado al pueblo donde se inventó el nudismo, que nos entraron unas ganas de quitarnos ropa que no era normal.

Y para colmo del karma positivo a los chicos les dio por jugar un magnífico partido. Balón al suelo y a tocar. En los primeros quince minutos se contaron unas cuatro ocasiones clarísimas de gol, todas precedidas de varias combinaciones. Así vino el primer gol, en una jugada de tiralíneas: robo en el centro del campo, un par de paredes, apertura a banda, balón al centro del área, control con la derecha y con la izquierda tiro raso y cruzado inalcanzable para el portero. Después del gol nos relajamos y dejamos de tener la posesión (el rival también juega).

Llegamos al descanso con la sensación, una vez más, de habernos quedado cortos en el marcador. Vencíamos por la mínima, pero disfrutamos con la entrega, el buen posicionamiento y el excelente fútbol de los nuestros.

Al comenzar la segunda parte cambió algo la decoración. Sus cambios nos sorprendieron, en concreto dos galgos en los extremos que nos crearon problemas con su velocidad. Como en ese tipo de masajes clandestinos, según cuentan, se habían guardado lo mejor para el final; en este caso, para el segundo tiempo. Tras unos minutos de incertidumbre, el míster recolocó las piezas, fortaleció las bandas y volvimos a tener el dominio, con un centro del campo jugón, que se buscaba, tocaba y lanzaba a los puntas.

Llegó el segundo, que prácticamente cerró el partido. Después llegó el tercero y hasta un cuarto.

Fue tan plácida la temida visita que hasta resultó curioso el contraste de las aficiones. La local parecía la del Real Madrid o Barcelona, en su versión sosainas. Y la visitante, una filial de las barras bravas de River. Tan a gusto estábamos en El Vellón que de haber habido un riachuelo y un mesón nos habríamos pegado un baño en calzones antes de almorzar un copioso asado, como hubieran hecho los aficionados de River.

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