Infantil B Municipal vs. Arguelles 2

Segundo partido del EFC en esta segunda fase de la Liga. Sabor agridulce que nos deja este partido entre los asistentes al mismo, y para ir al grano, comencemos por el resultado final, 4 a 3 a favor del Argüelles, tras un partido que pudo ganar cualquiera.

Es mejor que esta narración empiece por el caviar. El caviar que más tarde se juntó con algún pimiento de padrón, de los picantes, y nos puso la boca a arder. En este caso, las perlas de caviar las puso principalmente Álvaro Moroño. Para ilustrarlo, recurramos a los iconos clásicos. Moroño tuvo una presencia dominante en el medio campo durante los minutos que estuvo en cancha. Fue una mezcla de Stilieke, de Kily González, de los medios que se hacen con la parte ancha de la cancha y arrastran al rival a su área. Hizo más grandes a Gabi, Núnez, García y a los que se juntaron con él en ese periodo de tiempo.

Culminó su actuación con una perla, a imagen de lo que se veía en aquellos partidos del Bernabéu en los 80. Un remate de cabeza, a saque de falta desde banda derecha, copiado de los que Santillana realizaba contra el Inter en Copa de la UEFA, elevándose, marcando en el aire, girando el cuello y alojando el balón en la escuadra.

El caviar también lo repartía Puskitas del Hoyo, con el cañón con mira telescópica del que dispone en pierna zurda. Un disparo a la escuadra que sacaba el portero precedía a una jugada de estrategia, que él mismo anunciaba voz en grito. Se dispone a sacar el córner, le grita a Julián dónde la va a poner, y efectivamente la pone donde él quiere, en la cabeza de Julián. Este se la cede a Jorge, que remacha el gol, en perfecta estrategia ejecutada por estos chavales que se compenetran perfectamente. Calidad, madurez y ejecución. Jugada de laboratorio, de probeta y experimentación, llevada al empirismo con excelente resultados.

Más caviar, en este caso de parte de Moro y Julián, para marcar el tercero, cuando penetran por banda izquierda, y Moro le deja un balón en bote en el pico del área izquierda a Julián.

El pichichi del Electrocor, aún actuando en el medio, y habitual en el reparto del caviar, también recurre a los clásicos, en este caso un Del Piero, Baggio, o un Zidane, busca la escuadra del marco rival y la encuentra en un disparo de bella factura.
Hubo más gotas de caviar, en bonitas combinaciones de Gabi, Jorge, Alberto, Barberá y demás en los contrataques, buenos intentos por parte de nuestro centro del campo y delantera.

Hubo calidad en los cortes de Alex y Antonio en defensa, utilizando la fuerza como se debe para cortar el balón e imponerse en defensa, y en las paradas de Nico en los acercamientos contrarios, cuando el Argüelles le puso en aprietos.
Pero hubo pimientos de padrón, picantes como demonios, en algunos momentos, que nos costaron el partido. Principalmente, por la ingenuidad y la necesaria experiencia que deben ganar en el campo, porque los regalos sólo se hacen en las ocasiones.

En ocasiones, alguien en la defensa o en la portería deberá gritar, elevar el tono con autoridad, como Pavarotti cantando “la Donna e mobile”, con voz grave y autoritaria, para guiar quién toma el mando, quién reclama la iniciativa en el quite del peligro, y evitar que el equipo contrario, con poco, saque unos réditos que no merece. Sólo con eso, el equipo saldrá con la lengua a salvo de ardores y picores mayores.

Eso, y más dinamita en las llegadas a portería, puesto que los goles son la antesala de la victoria, y llegamos bien al área, pero con menos efectividad que nuestros adversarios.

Con todo, este partido era del EFC, por méritos propios, por juego, por carácter, por calidad. Hay que hacer crecer a estos chavales, hacerles manejar el juego, evitar situaciones que regalan los puntos que ellos merecen y elevarles la moral para hacerles creer en sus posibilidades.

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